Con los ojos
cristalinos por la mentira del amor la recibiste.
“Buenos días” y
no te contestó, pude ver como te ahogabas en sus ojos y te temblaba el pulso,
pero ella nunca se fijaba en esos detalles. Caminaba altiva, como si el tiempo
no hubiera pasado desde la última vez que pisó esa casa; tú caminabas tras
ella, sin saber muy bien que decir, esperando que fuese ella quién diera el
primer paso para decir ese “Te echo de menos” que tanto necesitabas.
Pero a ella todo
eso no la importaba, como siempre, tenía muy claro a dónde iba, lo que iba a
coger y que luego se marcharía para no volver.
Nunca pude
entender lo que sentías por ella, esa pasión de una sola cara y sin recibo,
esos nervios de infante abandonado, ese latido de cristales en el pecho...
Nunca pude entender nada de eso.
Cuando ella se
marchó nos dejó solos, no se preocupó de que tú te estuvieses muriendo
por ella o de que fuera invierno en casa sin su luz, nunca le importamos lo más
mínimo. Pero tú continuas sin darte cuenta, sigues tan enamorado de ella como
el primer día, y yo no juego ningún papel en esta farsa, soy parte del
decorado, una silla donde apoyarte cuando peor te encuentras ¿Aún no entiendes
que se acabó? No va a volver, y menos por ti. Sobrevivimos sin ella ¿No es
cierto? Pues por mí así puede seguir, no tengo ningún interés en verte persiguiéndola
por la casa como si fueras un gorrión enjaulado, en alabar sus sueños sabiendo
que son imposibles, no quiero nada de eso.
Ahora ella está
en vuestra habitación, recogiendo lo necesario para volver a su mundo, tú no
tienes cabida en él, la observas desde la puerta y ya entiendes que nunca te
echó de menos, pero no te quieres rendir, sabes que estás muy enfermo (y puede
que sea de amor), quieres pasar tus últimas semanas con ella, aplazando el
olvido para otra ocasión, cegado aún con el recuerdo del primer “para siempre”,
deseas poder ver sus ojos hasta que alguna negra guadaña te arrebate el último
suspiro, sin embargo sabes que ella nunca aceptará quedarse. Quién sabe si
algún día te quiso, lo que está claro es que ahora ya no.
Déjala marchar
papá, nunca ha sido una madre para mí.
He de decir que escribes muy bien, Paula. Me han gustado muchos tus entradas, intentaré seguirte para ver como avanzas escribiendo :)
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